Comforter: esperando el ferry de vuelta a Lungi en Kissy Point, el embarcadero de Freetown.
Hoy como con Ibrahim y Kadidja en River Number 1, una franja de tierra entre el río y el mar en las afueras de Freetown. Se parece a la Langue de Barbarie, al sur de Saint-Louis en Senegal, donde he pasado más de un fin de semana al sol, pero en vez de pelícanos, en River Number 1 hay cangrejos como elefantes (de paisaje y de aperitivo).
Sigo impresionada por el tiempo. Aquí los tejados son de uralita, y a veces llueve tan fuerte que no oigo la tele. Se aglomera agua sobre cada uno de los escalones de la entrada y el portero del hotel me acompaña al coche bajo una sombrilla enorme DRINK COCACOLA. Cuando camino por los callejones, espanto lagartijas en vez de las tradicionales cucarachas dakarienses, y la tierra es rojiza como en Burkina Faso.
Parece que el balance de mis primeros días en Freetown sale bien. Aquí hay un clima de verdad, y no el bochorno arenoso de Dakar -aunque dice Tom que se puso a diluviar el mismo día que me vine para aquí. En la oficina estupendo, sobretodo ahora que tengo más práctica y consigo entender un 80% de lo que dice el jefe de misión con su acento espeso de Zimbabwe. Como valor añadido, la parte de atrás de mi hotel da al consulado honorario de España en Sierra Leone. No tenía ni idea, hasta que esta mañana al salir de la ducha he levantado la vista y me he topado con el cónsul honorario desayunando en su terraza, prácticamente en batín y zapatillas. Hola!
West Freetown, Sierra Leone, desde mi balcón en el hotel. Más ciudades desde la ventana del hotel aquí.
Prince Michael Hovercraft: Aeropuerto Internacional de Lungui a Freetown, Sierra Leone
Al final no ha sido el helicóptero sino el hovercraft, una especie de caja de zapatos con la barriga de lona hinchable. Hemos viajado con una señora del IRC, un club de hip hop nigeriano, una delegación iraní de unas veinte personas, y Lamin, el asistente de programa. El mar estaba revuelto y parecía que rodábamos por entre las olas, con algún que otro planchazo. Lamin se agarraba fuertísimo y me contaba cómo en la oficina a todos les da miedo el hovercraft, salvo cuando se suben juntos, porque se les olvida mirándose la cara de pánico los unos a los otros. Freetown me da buena espina.
Me voy a Sierra Leona! He conseguido el visado en una especie de consulado itinerante (te llaman y te dicen donde es, se ve que cada vez en un sitio distinto), así que todo listo para irme el domingo. El aeropuerto está en una península al norte de Freetown, y solo puedes llegar a la ciudad en helicóptero destartalado (se ha caído alguna que otra vez), en hovercraft (incendiado) o por carretera desastrosa (más de cuatro horas). Se ve que también hay un helicóptero UN pero no estoy segura que funcione los domingos. No tengo muy claro donde voy a quedarme ni qué voy a hacer exactamente, porque cada vez que pregunto el jefe de misión me contesta No Problem! We take care!
Mi vuelo de vuelta hace escala en Cabo Verde. Que la fuerza me acompañe