Me paso media vida en los aeropuertos de Africa Subsahariana, dudando entre tirarme por los suelos en chándal a la caza del único enchufe de la sala de embarque, ordenador en mano, o sentarme muy finamente con tacones haciendo ver que leo Le Monde Diplomatique. Es un dilema terrible entre cutre pero cómoda vs. estupenda a la par que apurada. Y es que nunca se sabe con quién estoy compartiendo la espera: un representante de un donante de fondos, un colega de una agencia más grande, un implementing partner con ganas de cháchara, un diplomático de la embajada donde pido mil visados.
Desde que trabajo en esto me he convertido en una listilla del viaje aéreo internacional, un Top-10 andante de los peores aeropuertos. Casablanca: bien, Abidjan: psé, Yaoundé: cero, Bissau: cero pelotero, Conakry: negativo. Y el peor Charles-de-Gaulle.
Teresa, tú siempre estás estupenda. Y qué gran verdad Charles-de-Gaulle. Caca de vaca.