Jonas, que estuvo de visita hace unos días, comentaba que el secreto para conservar el buen humor en Senegal es confiar en que todo va a salir bien. Por ejemplo: aunque el autobús te deje en un descampado en mitad de los arrozales de Casamance a pleno sol de mediodía, confía en el chico que te asegura que en un par de horas pasará su hermano a recogerte. Y pasa.
La verdad es que como sistema de vida no me parece mal. Ahora bien, para echarle una mano al proceso y evitar llevarse un chasco, hay una serie de personas con las que conviene estar siempre de buenas:
- Los gasolineros de la Shell y OilLybia en la carretera hacia la oficina: qué gran fichaje. Si les caes bien, te colarán delante la excavadora que intenta repostar tropecientos litros de camino a la obra de turno. Te vigilarán la moto toda la noche hasta que llegue el mecánico, y lo que es más, te darán cambio para el taxista cuando pases enfurruñada al día siguiente.
- Los vecinos de justo enfrente: entre mil otras cosas, porque tienen unos niños encantadores, y no necesitan carta astral para saber en qué caprichoso momento va a pasar el camión de la basura.
- El personal de la unidad de finanzas: buf, misión imposible. Nada que hacer. Apechuga.