Esta es mi calle, con un Harmattan asqueroso. Gracias, Mauritania.
Todos los martes hay mercadillo en la calle asfaltada del barrio, y ya el lunes por la noche viene el camión del ayuntamiento a instalar el tinglado mecánico desde el mar hasta la rotonda de la Route de l’Aeroport. Por primera vez desde que vivo aquí, esta semana el camión no ha venido. Cuando salgo de casa hay más silencio que de costumbre. A lo largo de toda la calle hay señoras sentadas sobre su mercancía, que tienen puesta hecha una bola gigante, como una bala de paja envuelta en tela de saco.